ColumnasMarla Debra

Entre paletas y chocolates

Cuando era más joven esperaba ansiosa cada San Valentín. Era bonito imaginar que alguno de los globos que mis compañeros llevaban era para mí, o que hasta mi mano llegaría una paleta de corazón. Quizá para algunos sea una tontería, para mí no, porque crecí siendo una cursi que escribía cartas para todos sus amigos y se las dejaba en su pupitre por las mañanas de los catorce de febrero esperando la cara de sorpresa que harían cuando leyeran las líneas emotivas que les dedicaba.

San Valentín, el día del amor y la amistad… 

O la mercadotecnia dicen otros. Y yo digo, ¿y? O sea, si la gente tiene el dinero, las ganas y el ánimo para dar regalos, está chido. Es muy su inversión. Lo malo es hacerse esclavos de la fecha y terminar endeudados solo por quedar bien. Ahí sí, no me parece tan padre el asunto.

Porque digo, ¿a quién no le agrada que lo consientan un día que no es cumpleaños? Y mucho más si ese detalle proviene de una persona amada. Les guste o no, les parezca una fecha banal y dedicada a la mercadotecnia, la neta el catorce de febrero rifa.

Ahora, miro un poco al pasado y enumero las cartas de las que recibí respuesta… Puedo contarlas con los dedos.

Ahí va la Marla con sus historias tristes de “forever alone”… Y pues, quizá sí. Pero sé que no soy la única a la que le pasó. Porque estoy segura que a alguno de ustedes los dejaron esperando en el intercambio de regalos, porque más de uno compró un regalo especial y ni las gracias le dieron, porque no a todos les dieron paleta de corazón (y mucho menos globito de helio de Winnie Pooh).

Y está bien ¡vaya! Porque ahora pueden contar “historias engarzadas” y porque no todo es tristeza, alguna de esas historias habrá terminado bien.

En mi caso, por ejemplo, me permite recordar hasta qué edad más o menos comencé a quedarme sin amistades, y comencé a tener amigos. ¿A qué no es lo mismo? ¡No! Amistades muchas, amigos, no lo sé.

Y no mal interpreten, no quiere decir que si no me daban regalo, dejaban de ser mis amigos ¡ja! Pero identifico que hay personas a las que aunque no recuerdo de mis catorce de febrero, puedo tenerlos presentes otros trescientos sesenta y cuatro días, ¿y qué creen? Los recuerdos son mucho más vividos y especiales.

Hay amigos con los cuales no hace falta estar a diario para sentirlos cerca, hay personas que aunque no te regalen chocolates un día, te regalan su tiempo, y que sin darte cuenta se convierten en tu familia.

Muchas veces confundimos el trato amable, divertido, con amistad. Porque cuando todo es sonrisas, cuando todo es fiesta nos miramos rodeados de muchas sonrisas, pero ¿Qué pasa cuando hay amargura, cuando los problemas te envuelven? ¿Tienes a las mismas personas cerca?

Bien dicen que los amigos se conocen en los momentos difíciles.

Y los amigos son esas personas que no necesitan hablar para hacerte saber que te comprenden, los amigos son aquellos con los que te entiendes con la mirada. Esos que te cuidan cuando estás enfermo y pasan la noche despiertos para darte el medicamento. Los amigos son aquellos que cuando no tienes ni un limón en el refrigerador te ponen un lugar en la mesa, los amigos son aquellos que cuando tienes un problema te prestan el hombro para llorar y se desvelan contigo buscando soluciones, los amigos son los que son felices con tus logros y te apoyan cuando todos te dan la espalda, son los que te dicen la verdad “aunque duela” pero saben que con ello habrá una mejoría en el panorama. Los amigos son los que se duelen al verte destrozado, y te ayudan a reconstruirte con risas, con lágrimas, con palabras de ánimo, con abrazos y con pasos firmes. Los amigos son los que te reprenden cuando saben que la estás cagando, y  te hacen entrar en razón para que no eches a perder lo bueno que aun tienes. Los amigos oran por ti, te bendicen, te llenan de momentos imborrables, aunque no sean en febrero.

¿Tienes amigos así? ¡No dejes que se alejen de tu vida!

Hoy puedo decir que quizá no hubo celebración, chocolates, serenata o regalos, salida al cine o llamada telefónica para decir ¡Feliz San Valentín!

Y a pesar de mi lado cursi-consumista, y de que siempre espero y deseo que aquellos a los que quiero me lo recuerden, sé que no todos pensamos y sentimos igual.

Porque más allá de las cosas materiales, lo que siempre hace feliz a mi corazón es saber que existen personas que tienen en su corazón un espacio con mi nombre, así como en el mío está el suyo.

Gracias amigos, gracias a esos que están siempre, en las buenas y en las malas, en las peores… Gracias por orar, por abrazar, por escuchar, por hacer reír, por acompañar…

No hace falta que los mencione, porque sé perfectamente que su corazón sabrá que este mensaje es para ustedes ❤️

Y si tú que me leíste también agradeces la presencia de esas personas en tu vida, no dejes de compartirles este mensaje para que sepan lo valiosos que son para ti.

Feliz día del amor y la amistad… una semana después.

 

Besos, Marla.

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Une comentario

  1. En días de Sol y en días de lluvia Siempre estará.

    Lo hermoso que es ver a un amigo 10 años después
    y sentir como que el tiempo jamás paso.

    Un Abrazo Marla, eres genial, sigue siendo tú, lo haces
    súper bien.

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