ColumnasMarla Debra

Una vuelta más al sol

¿Qué pasaría si te enteraras que esta mañana que despertaste, será la última de tu vida? Pensar en el final es algo que a muchos nos causa ansiedad, ¿cómo va a ser? si aún tengo muchas cosas por hacer… ¡soy una joven con muchos planes por cumplir!

Quizá tengas el viaje de tus sueños pendiente, una boda en puerta, el aniversario de tus padres, el nacimiento de un hijo…. no lo sé. Supongo que la lista de pendientes que cada uno tiene es vasta, así que pensar en un último día nos resulta asfixiante.

Hace falta tiempo.

Y es que ese parece ser otro de los males de nuestra era. La falta de tiempo. Dejar cosas pendientes para mañana, aplazar citas, postergar trabajo… porque un día no te rinde, porque pasas tanto tiempo en tu oficina, en el tráfico, pensando cómo pagar deudas que cuando al fin tienes unos minutos libres, lo que buscas es el listado de pendientes, mucho antes que el descanso.

El fin de semana fui a ver una película de Clint Eastwood (aquí va un spoiler) que está inspirada en un artículo publicado por el periódico de The New York Times, que aborda la historia de Leo Sharp, «El Tata»: florista, veterano de guerra y mula del Cártel de Sinaloa. Ahora, no ahondaré mucho en el tema de la película, sino en una de las cosas que me caló.

En esta historia, Leo es un hombre que hace honor a un refrán mexicano “Candil de la calle, obscuridad de su casa”. Para los amigos, los clientes y conocidos, él era un hombre divertido, entusiasta, trabajador. Para su esposa, su hija y su nieta, él era un hombre que siempre estaba ausente, que anteponía el trabajo a las celebraciones familiares, y que siempre quería estar fuera de casa. No asistió a la graduación y boda de su única hija, y lo único en que invertía dinero y esfuerzo era en sus lirios, además del trago y la fiesta.

Su ex esposa y su hija le guardan rencor, su nieta lo defiende hasta que llega el momento en que también la decepciona… y se encuentra solo, viejo y envuelto en problemas.

A la señora le detectan cáncer terminal, y él (por remordimiento, por expiación o por cariño) decide ir a pasar los últimos días que tiene su ex esposa cuidando y velando por ella. “Fuiste mi mayor amor, y también mi mayor dolor” …muere, él va a la cárcel y aunque su hija y nieta lo perdonan, el tiempo que podría dedicarles de ahora en adelante se ve enmarcado por las rejas.

Pasamos tanto tiempo afanados en los deberes, en la necesidad económica, en cumplir compromisos laborales, sociales y escolares, que olvidamos lo que más importa: la familia.

Te reto a que hagas un ejercicio, es rápido. ¿Te late?

Toma una hoja y un lápiz. Ponte en un cronómetro 15 segundos y ahora enumera del 1 al 10 lo más importante para ti. No importa si son cosas, situaciones, personas … son diez cosas que para tí son lo más importante aquí y ahora. Lo primero que pienses, no hagas trampa.

Ahora, haz un círculo, e imagina que ese círculo representa un día de tu vida. Divídelo de tal manera que a cada cosa de tu lista, le asignes un tiempo específico que inviertes durante el día en ello…

¿Cuánto tiempo le asignaste al trabajo? ¿8, 9, 10 horas?

¿Cuánto tiempo le asignaste a platicar con tu pareja? ¿Quince, treinta minutos?

¿Cuánto tiempo es que pasas descansando? ¿Cuántos minutos inviertes en visitar a tus padres?

Lo más triste es que cuando yo hice ese ejercicio, me di cuenta de que invierto más tiempo en tratar de solucionar problemas, que en cultivar las relaciones sanas que me rodean.

Prioridades, le llaman.

Si para tí, lo más importante es el trabajo, es lógico que habrá más atención en ello. Lo feo es que el amor, la familia y el descanso pasan a ser secundarios, y en algún momento cuando no haya trabajo, tampoco habrá familia, amor ni descanso.

Y ponle los nombres que quieras, la realidad será la misma.

Ahora imagina que ese círculo que dibujaste, representa el último día de vida… ¿cuántas cosas dejarías inconclusas? ¿de cuántas personas no te habrás despedido? ¿cuántos abrazos no habrás dado?

¡Qué complejo es el ser humano!

Quiere vivir su vida “como si fuera el último día de su vida” pero si se hace consciente de cómo lo está viviendo, se da cuenta de lo mucho que está desperdiciando.

Si hoy fuera el último día de mi vida, ¿qué haría?

Creo que mi prioridad serían las personas que amo.

Soltemos un poco los afanes (que no se pueden olvidar, claro), y dediquemos un poco más de nuestro tiempo a nutrir el alma y el espíritu al lado de las personas correctas… porque como decía mi abuela, “te van a enterrar sin nada”, y lo único que te llevas, es aquello que te llenó el corazón.

Hoy mi mundo le da una vuelta más al sol, ¡cumplo años! Y estoy agradecida por todas las bondades que recibo al saberme amada.

¡Cuéntame cómo te fue con el ejercicio del tiempo!

 

 

Marla.

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