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Si tú cambias, todo cambia #NiUnaMás

Oye hija, una amiga compartió en su facebook imágenes de negocios que ayudan a las muchachas que se sienten inseguras. Te lo digo porque luego que vas a la escuela, no sé si salgas tarde, y mejor chécale. Porque nadamas de imaginarme que te pase algo, no, no no… ¡ay Diosito! no.

Cada vez que salgo de casa mi mamá y mi tía me dan mil recomendaciones: cuida tu teléfono, no andes sola, fíjate bien, no andes distraída. ¿Y les digo la verdad? a veces me sonaban tan cansadas que simplemente les daba el avión.

-¡A mí no me va a pasar nada!.

Y a pesar de eso, ya me ha tocado experimentar el susto que me provoca que me siga un extraño a lo largo de tres cuadras (que me parecieron veinte) “queriendo ser mi amigo” a plena luz del día, y que otro tipejo se me eche encima creyendo que puede pasarse de la raya solo porque “el momento lo amerita”, ¿porque es hombre y cree que tiene derecho a usar la fuerza para reforzar su hombría?

Y se siente feo. Y terminas sintiéndote frustrada, molesta triste…¿por qué no actué diferente? ¿por qué no grité? ¿y si lo hubiera golpeado?.

Porque a pesar de que en la mente fabriques muchas escenas, y los diferentes caminos que podrías seguir, en el momento en que te miras en peligro, todo pasa como en cámara lenta. Las salidas “seguras” significan un riesgo, y crees que no importa que puedas hacer, no saldrás bien librada.

Gracias a Dios, yo sigo aquí. ¿Pero cuántas no tuvieron la misma suerte que yo?

En días pasados he leído diferentes notas y reportajes, en las que víctimas y familiares de víctimas han contado una historia cruel, triste, desgarradora… no solo se hace un nudo en la garganta, también en el estómago. ¿Qué pasaría si esa historia fuera la de mi vecina, la de mi amiga, mi mamá… o la mía?

Más allá de un movimiento que tenga tintes feministas, es una realidad a la que las mujeres nos estamos enfrentando. Seamos o no feministas. Gordas, flacas, bonitas, feas, pobres, ricas, estudiantes, amas de casa… No hay distinción. Y estoy consciente de que la violencia hoy día alcanza a todos, pero, es una realidad que el radar se detiene en el sexo femenino.

Es muy triste que llegue el momento en el que desconfiamos de todo, de todos y a cualquier hora del día.

¿Leyeron la noticia de la niña a la que tres de sus vecinos la violaron y la mataron? Ahora su familia está huyendo porque ha recibido amenazas de personas que defienden a los tres hermanos culpables. No tienen casa, no tienen hogar… y siguen en la búsqueda de justicia.

Me pregunto, ¿qué tienen en la cabeza esas personas?, ¿tienen corazón?. Muchos nos hemos preguntado, ¿Y el gobierno que hace al respecto? O sea, sí. Definitivamente el Estado debe hacer algo. Algún plan de seguridad, mayor vigilancia, penas más grandes… Sí, pero es imposible tener bajo control a toda la gente enferma que está afuera y que se escapa de la lupa.

¿Qué estamos haciendo como sociedad?

Porque algo es seguro, aquellos que matan, violan, violentan a una mujer tienen una historia. Y no, no me malinterpreten, no estoy defendiéndolos. Pero definitivamente tanta maldad, ira, locura (ya no sé ni cómo llamarle) se está gestando en muchos de los círculos en los cuales nos desenvolvemos. Explota, sale, se desborda y no solo tenemos a hombres misóginos, violentos y machistas. También tenemos a adolescentes que se suicidan, niños que violentan a niños, mujeres que cometen crímenes pasionales… la maldad, el daño, la carencia de humanidad sobrepasa los límites que creíamos tener.

¿En dónde comienza todo?

Dice un versículo de la Biblia: No se dejen vencer por el mal. Al contrario, triunfen sobre el mal haciendo el bien.

Vamos Marla, ¿religión? No, no… no hablo de religión.

Pero a veces, cuando lo terrenal ya no da respuestas, buscar la Fe suena como una buena alternativa. Y después de todo, no me suena tan descabellado.

Como reza una ley del mítico Hermes Trimegisto, “si tú cambias, todo cambia”. En nuestras manos está decidir nuestras expectativas y el tipo de relación que establecemos con el mundo, lo cual acaba definiendo en gran parte cómo será nuestra vida.

En el Bajío del país, ya lanzaron una aplicación que emite una alarma a los dispositivos más cercanos que también tienen la app instalada; los negocios de distintas ciudades se han unido para ofrecer ayuda a las mujeres que se sienten inseguras y que pasan por el lugar; en algunas colonias tiene una guardia vecinal; en las escuelas se están impartiendo talleres y conferencias para sensibilizar a los estudiantes sobre el tema… Yo sí creo que los buenos somos más, y que haciendo las cosas bien, se puede disminuir el mal.

Es obvio que el problema sobre violencia de género no se va a erradicar de la noche a la mañana, y también es claro el panorama: estamos en problemas.

Pero el pesimismo, el miedo, nunca trae consigo buenas nuevas. Y es tarea de todos poner diariamente un granito, encender una luz que pueda alumbrar un poquito más cada día.

 

#NiUnaMás

#NiUnaMenos

 

Marla.

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