ColumnasMarla Debra

Yo solo sé que no sé nada

Qué más quisiera que pasar de largo pero, no puedo.

-Un mexicano hablando de Roma y que en mismo en Venecia, en mismo Italia le estén dando esa ovación. Hay que ver la película…

-Sí habla de México, ¡eh!

-¡eh! ¿también de México?

-La película de Cuarón habla de México.”

– ¿Y por qué se llama Roma?

– De la Roma, (de la colonia).

Y para cerrar con broche de oro su metida de pata, todavía diga “el pronter no lo decía”

El pasado 6 de enero, en la 76 edición de los Globos de Oro, el mexicano Alfonso Cuarón se hizo acreedor al premio como mejor director, y su película Roma se llevó otro, como mejor película extranjera. Era de esperarse que en todos los programas nacionales e internacionales sería tema estelar, y con ello, muchos de los conductores locales no perdieron la oportunidad de verse interesantes al manifestarse como fieles admiradores de Cuarón.

Sin embargo, en esas manifestaciones “queda bien”, una de las conductoras de un programa de revista, se vio bastante mal al demostrar que no sólo desconocía la trama de la película, sino también estaba bastante lejos de identificar que en Venecia, Italia no se habla el castellano.

¡Trágame tierra!, la conductora se hizo viral por su pequeño desliz. Este suceso me hizo recordar algo que se da fuera de cámaras: personas que se jactan de ser sabios, cuando en realidad lo único que saben es repetir las cosas hasta que creen que saben más que los demás.

Quizá te ha tocado presenciar al maestro al cual no le puedes debatir nada, porque lo sabe todo; o el jefe que siempre ningunea a los empleados y se corona absoluto en decisión; el primo que en la conversación familiar saca diez temas en los que es “experto”. ¿Se te ocurre algún caso cercano?

Este es el “Efecto Dunning-Kruger”, y hace referencia a las personas que tienen muy poco conocimiento pero piensan que saben mucho más. De esta forma, tienden a considerarse como más inteligentes y preparadas que el resto de los mortales. Si te suena, ¿verdad?

“En algunas ocasiones la ignorancia proporciona más confianza que el conocimiento”.  Y fue con ese pensamiento que se inició el estudio universitario en el que los investigadores pensaban: las personas más incompetentes tienden a sobreestimar sus propias habilidades y son altamente ineficaces para reconocer sus insuficiencias, al tiempo que no reconocen las habilidades de los otros, y por ello, se creen superiores.

¡Hello redes sociales! Lugares llenos de gente experta en lo trending, pero que si les llegas a cambiar un poco el contexto, se “montan en su macho” y no saben argumentar nada más. ¿Me equivoco? (y seguramente me estoy arriesgando a que alguno de los intensos o intensas exclamen algo).

Me pregunto, ¿Es posible que mi incompetencia me impida ver esa incompetencia? Mi respuesta es ¡si!

La ignorancia y sobre todo, la terquedad no te hace ver más allá de la propia nariz. Y sinceramente, creo que en algún momento todos hemos pasado por el efecto Dunning-Kruger.

Por ejemplo, una persona puede pensar que canta estupendamente porque no tiene ni idea de música y no conoce todas las habilidades necesarias para controlar adecuadamente el tono y timbre de la voz, y llevar el ritmo. Eso hará que diga que “canta como los ángeles”, cuando en realidad tiene una voz espantosa.

Lo mismo ocurre con la ortografía, si no conocemos las reglas ortográficas, no podremos saber dónde nos equivocamos y, por ende, no seremos conscientes de nuestras limitaciones, lo cual nos llevará a pensar que no cometemos errores ortográficos.

O aquellos que defienden una ideología política y “conocen” la historia del partido, o del político equis o ye, y que expresarán sin cansancio su fidelidad a los colores defendiéndolos a capa y espada, sin darse cuenta que no conocen por completo la misma causa que defienden, y aunque les den motivos para abandonar el tema, no lo harán.

Básicamente, este efecto lo podemos apreciar en todas las áreas de la vida.

La realidad es que creemos que sabemos todo lo que es necesario saber y eso nos convierte en personas sesgadas que se cierran al conocimiento y emiten opiniones como si fueran verdades absolutas. Y me cuento dentro del grupo, porque admito que en ciertas situaciones mi ignorancia me ha cegado. Es bien fácil  convertirnos en esa persona que opina sobre todo sin tener idea de nada.

¿Y se puede revertir el efecto Dunning-Kruger? Los psicólogos dicen que sí, pero es necesario hacerse conscientes de ese sesgo del aprendizaje. Mira, hay que dejar un espacio a la duda, ¿de verdad crees que todo lo que sabes es lo único que es verdad? Todos tenemos cierto margen de error, y está bien, somos humanos.

Es bonito opinar si el tema te interesa, y si lo haces con respeto. Aunque estés completamente seguro de tu opinión, no debes imponer. Puedes argumentar, exponer, proponer, pero siempre con respeto a los demás.

Debemos recordar que nadie es experto en todas las materias de conocimiento y ámbitos de la vida, todos tenemos carencias e ignoramos muchas cosas. Por tanto, lo mejor es enfrentar la vida desde la humildad y con la actitud del aprendiz.

Además, si tomamos la actitud correcta, podemos conservar a los amigos y mantener la relación familiar correctamente… ¿o es que siempre se tiene que terminar resolviendo las cosas en un cuadrilátero?

Y si nos toca escuchar a alguno de esos necios, podemos limitarnos a un “ya escuché tu opinión, gracias” o “ya te he escuchado, ahora imagina que las cosas no fueran exactamente así”. Al final, uno de los objetivos es que todos podamos abrirnos a opiniones para hacer las cosas diferentes. A veces las personas son muy tercas, y bueno, no se puede hacer más que retirarnos lentamente. En ocasiones somos muy necios, y lo que nos queda, es aceptar que no vamos a tener la razón siempre.

¿Tú qué opinas? No sea que en una de esas, te resbales como la que creía que Cuarón había escrito una historia italiana.

¡Escríbeme!

Besos, Marla.

 

Besos, Marla.

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